El último informe PISA sobre hábitos lectores juveniles ha vuelto a encender las alarmas, y Juan José Lage Fernández, profesor y bibliotecario escolar con treinta y cinco años de experiencia voluntaria, además de fundador y alma máter de nuestra revista revista PLATERO, responde con un decálogo de propuestas para los centros educativos, más allá de la explicación fácil que culpa a las pantallas y al "homo zappiens".
1. Bibliotecas escolares, la asignatura pendiente. El autor denuncia que estos espacios suelen sostenerse gracias al voluntarismo de docentes comprometidos, pero sin horas, formación específica ni presupuesto propio. Defiende que una biblioteca cuidada y acogedora —más un hogar que un aula— puede despertar la sensibilidad estética de los alumnos, y que su función debe ser a la vez social, pedagógica y psicológica, priorizando siempre la calidad de los fondos sobre la cantidad.
2. Profesorado formado y motivado. Recuperando ideas de Daniel Pennac y del lingüista Salvador G. Ordóñez, el texto insiste en que solo un docente apasionado por la lectura puede contagiar esa pasión, y que la lectura literaria debería enseñarse con el mismo entusiasmo progresivo con que se enseñan las matemáticas: paso a paso, sin atajos ni imposiciones.
3. Una didáctica de la lectura basada en el deseo, no en la obligación. Este es quizá el bloque más extenso: se citan voces como Pedro C. Cerrillo, Maryanne Wolf o Charles Dickens para argumentar que ningún niño nace "no lector", sino que se le hace serlo mediante malas prácticas escolares. El artículo reivindica leer y esperar, en lugar de leer y exigir, y propone iniciativas concretas —jornadas de puertas abiertas, cuentacuentos, ferias de libro usado gestionadas por los propios alumnos, guías de lectura para las familias— como alternativa a la "lectura obligatoria" que tantas veces aleja para siempre a un adolescente de los libros.
4. La corresponsabilidad de las familias. Lage subraya que el primer peldaño hacia la lectura se sube en casa, apoyándose en Gianni Rodari para plantear que es difícil pedirle a un niño que lea si en su hogar no se lee ni el periódico.
5. Colofón: la lectura como derecho de la infancia. El cierre reúne testimonios de Harold Bloom, Astrid Lindgren y Ana Matute para sostener una idea central: los niños nacen lectores por naturaleza, y son los malos profesores y los malos hábitos familiares quienes acaban por "asesinar las ganas de leer". El artículo termina reclamando la lectura como patrimonio universal de la infancia y la adolescencia.
Os dejamos las imágenes y el texto completo publicado en La Nueva España el domingo 21 de septiembre de 2026.
¿Cómo puede
mejorarse el nivel de lectura de los niños y jóvenes?
JUAN JOSÉ LAGE FERNÁNDEZ
El
reciente informe PISA sobre los hábitos lectores entre los jóvenes ha sido desolador
e insoporTABLET. Entre otras causas, supuestamente por el exceso digitalizado y
por ello pasando del “homo sapiens” al “homo
zappiens”
Propongo por ello, cuatro respuestas o argumentos
PISA (Propuestas Indispensables para Solucionar la Apatía) muy
sintetizadas, sobre las tareas en que los docentes deberían implicarse para
fomentar la lectura en los Centros Educativos, el segundo peldaño, tras la
familia, en el cual el “vicio impune” pueda consolidarse como hábito y, en este
caso, con referencias a diferentes especialistas en la temática que son, o
fueron, mis mentores.
1)LA IMPORTANCIA DE LAS
BIBLIOTECAS ESCOLARES:
Las Bibliotecas escolares son la
asignatura pendiente del sistema educativo español. En una Biblioteca, hay que
poner en circulación un sinfín de recursos estratégicos – organizar,
clasificar, tejuelar, ordenar, informatizar, seleccionar, animar, promocionar…-
y por ello se supone que debe estar gestionada por personal cualificado,
altamente motivado, liberado e incentivado.
La mayoría están en estado precario, a cargo
de docentes comprometidos, pero sin las suficientes horas disponibles para su
organización y dinamización, sin los imprescindibles conocimientos de
Literatura Infantil y Juvenil y de estrategias animadoras, sin remuneración y
con los recursos económicos al libre albedrío del equipo directivo de turno.
Una atractiva, estética y bien organizada
biblioteca – un hogar antes que una escuela – puede servir de estimulo para
despertar sensibilidades lectoras y educar en el hábito de lo bello. Sin
olvidarse que es más importante la calidad y actualidad de los fondos que la
cantidad, y que debe cumplir tres objetivos básicos: sociales, pedagógicos y
psicológicos.
Mi experiencia como bibliotecario
escolar voluntario durante 35 años lo confirman.
“Está más que demostrado que los
índices de lectura en un centro aumentan de manera fulminante a poco que la
biblioteca funcione con constancia y diligencia”, confirma el profesor Juan Mata Anaya.
2)DOCENTES FORMADOS Y
MOTIVADOS:
Como ya sabemos tras el
confinamiento, solo los portadores de virus son capaces de transmitir el virus,
y curiosamente “la lectura es una enfermedad de transmisión textual”,
en palabras del profesor y escritor francés Daniel Pennac,
Es totalmente cierto que “sólo
consigue apasionar al alumno el profesor apasionado. Sólo consigue ilusionarse
con una disciplina la persona que la conozca y la domine” confirma el
lingüista asturiano Salvador G. Ordóñez.
La educación lectora o literaria debe
afectar a todo el ámbito docente, pues “cuantas menos palabras se dominan,
menos posibilidades de pensamiento y conocimiento se tienen” aludiendo
a la cita de Antonio Muñoz Molina.
Por lo tanto, como no existe el deseo
sin la provocación, docentes que sirvan de modelos, apasionados por la lectura,
educadores y animadores al mismo tiempo, excitando la curiosidad y despertando
sensibilidades en los alumnos, “dando a oler que detrás de cada libro
hay una orgía de placer” (D. Pennac), y sin olvidarse de este
principio fundamental: “todos los niños nacen con el don innato de la
curiosidad, que si no se excita, se desvanece” (Charles Dickens)
“Un mal maestro puede matar
cualquier texto y uno bueno puede revivir un periódico o un menú” dice el editor y bibliotecario mexicano Daniel
Goldin.
En
resumen: Siempre
hay un libro para un lector, el problema es encontrarlo y acertar con sus
gustos e intereses.
3)DIDÁCTICA DE LA LITERATURA Y
ESTRATEGIAS ANIMADORAS:
No nacemos no lectores, nos
hacemos no lectores, y por ello, las estrategias dinamizadoras son
fundamentales para formar lectores y no “leedores”. La educación lectora debe
ser progresiva y gradual. Al igual que para la enseñanza de las matemáticas
primero empezamos con la suma, luego con la resta, para seguir con la
multiplicación y así sucesivamente hasta llegar a las ecuaciones, en la
educación lectora debe implantarse un método que les haga subir placenteramente
por la “difícil escala”.
Pero “los futuros profesores
están muy condicionados por sus estudios lingüístico – literarios: proceden de
una enseñanza formalista de la Lengua y de una enseñanza historicista de la
Literatura” (Pedro C. Cerrillo) y por ello llegar al último
“rellano” de la escala es complicado, aunque no imposible, como afirma Maryanne
Wolf :“saber cómo iniciar en la vida lectora a todos y cada uno de
los niños, con todas sus diferencias, requiere hoy una base de conocimientos
tan compleja como la que puede necesitar un ingeniero, un científico espacial o
un santo”
Si es de sentido común que “el verbo
leer no soporta el imperativo”, pues ni obligar, ni pedir nada a
cambio. Leer y esperar. Lectura- regalo.
Y sin olvidarse de la importancia de
la “atención conjunta o compartida” o la importancia de la narración oral, la
condición clave para aprender el lenguaje humano, puesto que “El amor a la
lectura depende de la tradición oral” (D. Pennac)
Más que un profesor ser un trovador, más
cuentistas que contables.
Y algunas sinceras citas más para
reflexionar:
-“Deja leer a tu alumnado sin
cortapisas de ninguna índole. Preocúpate en las clases de lengua y literatura
de desarrollar su competencia lectora y literaria y, luego, deja que lea a sus
anchas lo que le venga en gana” (Víctor Moreno)
-“Mandato antipedagógico: leed este libro
y haced un resumen de cada uno de sus capítulos” (Fernando Alberca)
4)COLABORACIÓN DE LAS FAMILIAS:
La colaboración de las familias con los
Centros educativos es esencial en el desarrollo del hábito lector. El primer
peldaño a subir en la escalera de la lectura: “¿Cómo va a leer un niño si en su hogar no se lee ni siquiera el
periódico?”, se preguntaba el maestro y
autor italiano Gianni Rodari.
Propongo algunas experiencias: unas
jornadas de puertas abiertas en torno por ejemplo al Día de las Bibliotecas (24
de octubre) o del Libro Infantil y Juvenil (2 de abril); invitación a
participar en actividades concretas: cuentacuentos, colaboración en tareas
bibliotecarias, semana cultural; apertura de las Bibliotecas en horarios no
lectivos; elaboración de guías de lectura o recomendaciones con motivos
diversos para envío a las familias; una Escuela de Padres para asesorarles e
introducirlos en el conocimiento de bibliografías y estrategias. ¿O clubes de lectura con la participación de
alumnos, docentes y padres?
Y olvidarse, al menos en las
primeras edades, de la “niñera consentidora online” que estimula la “mente
saltamontes”.
No estaría de más tampoco,
interesarse por experiencias como las “librerías escolares”, acercar los libros
a los niños, proponiendo librerías infantiles en los centros escolares, para
facilitar la compra y el acercamiento a la Lectura, o la experiencia de las
“ferias del libro usado”, donde los propios alumnos se convierten en
compradores y vendedores, intercambiando experiencias y promocionando sin
quererlo la cultura
5 ) COLOFÓN
-”Muchos
niños – piensa Harold Bloom – son lectores por naturaleza hasta que su instinto es destruido por
los medios de comunicación”
-“Es
un crimen de lesa cultura que el alumno termine odiando la lengua y la
literatura de su propio idioma” confirma Salvador Gutiérrez Ordóñez.
-“Quién
no encuentra el camino del libro de niño, ya no lo encontrará nunca más”, afirmaba Astrid
Lindgren, la autora del clásico “Pippa Mediaslargas”
-Ana María Matute: “Me
parece que a los jóvenes les distancia de la lectura la mala educación
literaria que reciben en la escuela, los malos profesores de Literatura que
tienen. Y los malos padres, que no leen. Cuando les cae un buen profesor, hace
lectores a montones. Pero si dan con uno que les obliga a leer “El Buscón” a
los diez años, huyen de la lectura. Eso lo que hace es asesinar las ganas de
leer y odiar los libros en vez de amarlos y disfrutarlos.”
Declaremos pues, a la lectura, patrimonio
universal de los niños y adolescentes

